La peor de las pesadillas

Por Mag. Andrea Tuana

Dolor, tristeza, conmoción, angustia, creo que una buena parte de los uruguayos y uruguayas hemos estado atrapados por estas emociones desde que se anunció la desaparición del niño de 10 años asesinado el sábado pasado.

La conmoción es tan grande que aún estamos tratando de comprender cómo sucedió una vez más la peor de las pesadillas. Y digo una vez más porque recuerdo a:

  • La niña de 11 años asesinada en Maldonado, el homicida abusó de ella y la mató para que no lo denunciara.
  • La adolescente de 15 años asesinada en Velázquez; su muerte dejó a la luz una red de explotación sexual de niñas en esa localidad
  • El niño de 3 años de Rocha asesinado por su padre.
  • El niño de 9 años de Soriano también asesinado por su padre quien tenía un régimen de visitas libres a pesar de ser violento.
  • Las 4 niñas de Paysandú de 4, 4 , 6 y 7 años quemadas vivas por la ex pareja de su madre.
  • La niña de 5 años de Barros Blancos, quemada con nafta por su padre, a quien su tío logra salvar pero no así a su mamá de 24 años que muere tiempo después por las quemaduras.
  • La adolescente de 14 años de Verdisol, abusada sexualmente y asesinada por su tío.
  • La adolescente de 14 años que luego de estar desaparecida uno días, se encontró su cuerpo sin vida cerca de su casa en Barros Blancos. No se sabe aun quien la asesinó.

…y la lista sigue.

Cada historia es un mundo, cada historia guarda aristas que nunca conoceremos ni es pertinente que lo hagamos, por respeto, por protección, por cuidado y para no seguir vulnerando los derechos de los niños, niñas y adolescentes, de sus familias y de su entorno. Pero lo común en estos casos y tantos otros es el sometimiento, la desprotección y las distintas formas de violencia tanto física, emocional y/o sexual de la que eran objeto cada uno y cada una de estas niñas, niños y adolescentes. Y otra cosa en común (en casi todos los casos) es que los asesinos eran conocidos, referentes cercanos o familiares directos de ellos.

Mañana martes 25 de abril se conmemora el Día Internacional contra el Maltrato Infantil y la reflexión que se impone es analizar con profundidad y seriedad qué lugar le hemos dado como país a esta problemática. Cuánto hemos avanzado en la protección real de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Cuánto hemos avanzado como sociedad en el respeto de los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Aun convivimos en una sociedad que no ha logrado desterrar el castigo físico como práctica disicplinadora. El tirón de pelo, la palmada, la sacudida, el chancletazo, el cinturón y varias formas de apremios físicos se siguen justificando y legitimando como prácticas educativas. También los abusos emocionales son prácticas frecuentes, como los insultos, el amedrentamiento, el provocar miedo, la falta de respeto, el ataque a la autoestima, la degradación. Son todas formas de posicionar a los niños, niñas y adolescentes como objetos de nuestra propiedad y no como sujetos de derechos.

“ La comercialización de las niñas, niños y adolescentes en plazas, rutas, parques, bares, whiskerías y prostíbulos clandestinos es una realidad que ocurre aquí y ahora ”

La mercantilización de las niñas, niños y adolescentes en plazas, rutas, parques, bares, whiskerías y prostíbulos clandestinos es una realidad que parecería de otras latitudes sin embargo ocurre aquí y ahora. En cada ciudad, en cada localidad; en distintos territorios nuestros niños, niñas y adolescentes son explotados sexualmente por varones adultos integrantes de nuestras comunidades.

La violencia institucional también abunda en nuestro país:

  • Cuando los sistemas de protección fallan o no son adecuados, cuando solo se encuentran medidas de contención que tienden a medicalizar y psiquiatrizar a las víctimas.
  • Cuando no se realizan los diagnósticos en forma oportuna, no se valoran los riesgos en forma adecuada ni se visualizan las señales a tiempo.
  • Cuando el sistema de justicia se hace hostil y expulsivo, cuando se apela al falso síndrome de alienación parental para desacreditar los relatos de los niños, niñas y adolescentes.
  • Cuando se busca ayuda pero no hay recursos, no hay respuestas en salud mental, no hay respuestas para realizar abordajes familiares.
  • Cuando no se establecen medidas de protección a los hijos e hijas en casos de violencia doméstica aduciendo que la violencia es hacia la madre y no hacia los niños/as.
  • Cuando se obliga a revincular a un niño/a con su progenitor.
  • Cuando se desconfía de las madres que intentan proteger a sus hijos e hijas.
  • Cuando se juzga y culpabiliza a las víctimas diciendo “algo habrá hecho”, “para que se metió en ese lugar”, “no es una mosquita muerta”, “donde está la madre que no la cuidó.”
  • Cuando se utilizan las tragedias de los niños, niñas y adolescentes para lucrar en programas televisivos morbosos y sensacionalistas que pretenden constituirse en los justicieros de la infancia.
  • Cuando el sistema y las instituciones deja en la más absoluta soledad a los profesionales, funcionarios y operadores que se juegan el alma en su trabajo tratando de proteger a los niños, niñas y adolescentes, enfrentándose a situaciones de alta complejidad, de mucho riesgo, con escasos recursos pero con la voluntad férrea de acompañarles y protegerles.

Y tantas otras micro violencias cotidianas que soportan día a día por el solo hecho de ser niños, dependientes del mundo adulto.

La atención en violencia es una atención de alta complejidad. Si bien es necesario generar respuestas universales, donde todos y cada uno de los profesionales y operadores sociales deben tener herramientas básicas de intervención de primer apoyo, inmediatamente se debe dar paso a un equipo altamente especializado en el abordaje de estos casos.

Hace muchos años que venimos planteando la necesidad de contar con servicios y equipos especializados en cada territorio. Las instituciones de salud, educación, INAU, la policía, la fiscalía, el poder judicial, las intendencias, el MIDES, deben contar con servicios y /o equipos altamente especializados para abordar esta situaciones. Ya no podemos seguir pensando que este es un problema menor, que puede ser atendido por un par de profesionales con formación básica.

La Universidad de la República debe involucrarse en la formación de grado de sus profesionales, se debe capacitar en el abordaje de las violencias hacia niños, niñas y adolescentes desde una perspectiva de género y derechos humanos.

La ANEP tiene que implementar programas continuos de formación y promoción de derechos de infancia y adolescencia, promover instituciones educativas que fortalezcan a los niños, niñas y adolescentes como sujetos plenos de derechos, formar a los niños, niñas y adolescentes en igualdad de género y prevención de violencia doméstica y sexual.

“ Estamos en las puertas de la rendición de cuentas, la inversión en infancia debe reverse y aumentar para poder desarrollar políticas adecuadas de enfrentamiento de las violencias ”

La salud debe desplegar respuestas de atención en distintos niveles, de prevención y promoción, de detección oportuna, de reparación y tratamiento. Los niños, niñas y adolescentes necesitan que el sistema les provea de lugares seguros donde pedir ayuda, donde recibir atención especializada y apoyo para revelar la situación, generar protección y tratar las secuelas.

El mundo adulto tiene que poner sus ojos y sus oídos más atentos a las necesidades y preocupaciones de los niños, niñas y adolescentes. Solo así podremos intentar disminuir estos horrores extremos y los horrores cotidianos que sufren a manos de adultos y adultas en nuestro país.

La peor de las pesadillas seguirá sucediendo, pero depende de cada uno y cada una de nosotras hacer que estemos un paso más cerca de terminar con ella. Cada cual desde su rol, su responsabilidad, su poder y su potencia.

Estamos en las puertas de la rendición de cuentas, la inversión en infancia debe reverse y aumentar para poder desarrollar políticas adecuadas de enfrentamiento de las violencias.

Por último quiero expresar mi solidaridad con la mamá del niño, no puedo imaginar su dolor y sufrimiento. También quiero expresar mi solidaridad para con los profesionales psicólogos que atendieron al niño, su maestra, sus compañeros y compañeras, los policías que trabajaron día y noche buscándolo y tanta gente que está sufriendo en este momento. Tanta gente que puso su corazón, sus conocimientos, su esfuerzo y dedicación por apoyar a este niño y su familia, antes durante y después de esta tragedia.

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